Palabras del ave
que ya no canta

Hice este blog para compartir mis escritos conmigo mismo y con quien guste leerlos. Quisiera decir que escribir es mi actividad principal, pero sería mentira. Me dedico a otras cosas para vivir. Aun así, algo en mí se niega a dejar morir esa parte poética y artística, y este proyecto es la forma que encontré de mantenerla viva.

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Breve reflexión sobre futuros cambios: 1. Retomando Terapia 008

Reflexión · Prosa · Narrativa

Breve reflexión sobre futuros cambios: 1. Retomando Terapia

He decidido volver a terapia. No porque algo esté mal. Vuelvo porque tengo metas, porque sé lo que quiero construir este año.

Jul 2025Leer →
Un pensamiento efímero, pero habitual 007

Reflexión

Un pensamiento efímero, pero habitual

Ustedes no saben que existen en este rollo. Estaban sentados ahí, uno al lado del otro, mirando lo mismo que yo estaba mirando.

Jun 2026Leer →
¿Tú y yo, qué somos? 006 Favorito del autor

Reflexión

¿Tú y yo, qué somos?

"El que más me costó escribir y el que más me gusta releer." — J. Arevalos

May 2026Leer →
Lo que haría por ti 005

Prosa

Lo que haría por ti

A veces me siento en silencio a la mitad de la noche y me quedo viendo las estrellas. Invierto mucho en ti.

Ene 2026Leer →
Hielo 004

Narrativa

112825 en proceso

Si está escrito te veré caminar al otro lado de la cuadra un martes cualquiera... un escrito inacabado sobre lo que pudo haber sido.

Nov 2025Leer →
No puedo ver mas alla del sol 003

Reflexión

Entre intentos, yo

Yo le prometí a mi madre que sería un hombre feliz. Me he dejado arrastrar por las corrientes del olvido y entre intentos me perdí.

Nov 2025Leer →
El fuego ya no quema como antes 002

Poesía

El fuego ya no quema como antes

No sé qué hacer al respecto, anoche intenté dormir mientras mi mente divagaba entre memorias vacías.

Sep 2025Leer →
Dudas, miedo y otras cosas 001

Reflexión

Dudas, miedo y otras cosas

Desde que tengo memoria me acompaña esa sensación de creer que no estoy haciendo las cosas bien.

Ago 2025Leer →

«Tú eres una corriente de aire en la pradera moviendo las plantas donde no existe nadie para presenciar tu maravilla.»

— ¿Tú y yo, qué somos?, J. Arevalos
Galerías

Imágenes propias

Lo que el ojo no puede olvidar

5 fotografías — Naturaleza, Salt Lake City

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Analógico

Fujifilm 35mm, ISO 400. Minolta XD-11

10 fotografías — Yellowstone, primavera 2025

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Fotografía urbana

Ciudad. México, 2023

10 fotografías — México, 2023

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Analógico — Wyoming, 2025

Fujifilm ISO 400, 35mm. Segunda sesión

13 fotografías — Wyoming, 2025

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Escuchando
Jose M. Arevalos

El autor

Jose M. Arevalos

Soy alguien que lleva más ciudades en la memoria que en el pasaporte. Vivo donde el trabajo me lleva y escribo donde la vida me alcanza.

Escribo porque algo en mí se niega a dejar morir esa parte que no cabe en un reporte de trabajo. No soy escritor de profesión y no pretendo serlo, soy alguien que encontró en las palabras una forma de entenderse a sí mismo y de entender lo que le pasa.

Mis temas son los de siempre: el amor, la soledad, la identidad, el tiempo que se va sin que uno lo note. Los abordo sin pretensiones, con una honestidad que a veces incomoda y a veces reconforta, dependiendo del día que tenga quien lee.

También fotografío, en analógico y en digital. Me gustan los rollos de 36 exposiciones porque me obligan a elegir, no todo merece ser guardado, y eso me parece una lección útil para vivir. La fotografía digital me da otra libertad: la de equivocarme sin costo y seguir buscando igual.

Volví a terapia este año. Lo digo sin drama porque creo que esas cosas merecen decirse sin drama.

Idioma

Español, Inglés

Género

Prosa, poesía, narrativa

Inspiración

Naturaleza, literatura, fotografía

Equipo

Olympus Camedia C-740 UZ
Kodak Pixpro AZ405
Minolta XD-11
GoPro HERO 13
Canon EOS 2000D
Kodak Charmera

Archivo
Enero 2026
1 escrito
Nov 2025
2 escritos
Sep 2025
1 escrito
Ago 2025
1 escrito
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Prosa Amor

Lo que haría
por ti

J. Arevalos — Enero 2026

Ventana

A veces me siento en silencio a la mitad de la noche y me quedo viendo las estrellas por un momento, no pienso en nada porque no sé en qué pensar honestamente, a pesar de eso termino con un dilema en mi cabeza, tú.

Te busco siempre al terminar mi día haciendo a un lado mi rutina de eterno aburrimiento, me haces sentirme un poco distraído. Te busco cuando me siento solo para dejar de sentir ese frío que me lastima las costillas y me encoge los brazos pero aun así, me siento solo, qué ironía. No te culpo, siendo sincero nunca te culparé por lo que me das porque soy yo quien te recibe con los brazos abiertos y el corazón en la mano.

Invierto mucho en ti, mi tiempo no es reemplazable y soy consciente de que no es eterno pero aun así, te lo quiero dar, quiero darte hasta el último milisegundo del último segundo de mi vida porque sin ti no sabría qué hacer. No me malinterpretes, no estoy obsesionado contigo ni estoy buscando ser irracional, es lo que mi naturaleza me pide hacer y yo lo comprendo, no soy un hombre malo, nunca lo he sido.

Lo siento si demostré lo contrario, no es fácil encontrar la redención del ser y ser lo que debo ser. No me excuso, acepto mi cruz y por favor, que incluya los clavos. Caminaré contigo hasta que el calor de mi existencia se pierda entre los rincones de los caminos que deambulé, hasta que en cada habitación que entre se quede un poco de mi incomprendida esencia, hasta que se termine mi sustentable agonía, mi interminable deseo de sufrir por placer.

Sentado bajo las estrellas, con un vino barato que ni siquiera me digno a servir en una copa, ¿para qué molestarme? si el fin es el mismo, el dolor no cambia cuando lo sirves delicadamente en el frío vidrio de una copa, aunque lo sostengas sutilmente por su tallo con cuidado de no derramar ni una sola gota, ¿será que así me sabrá mejor? ¿hay algo que no esté tomando en cuenta? puede ser, o no.

Veo el cielo y no veo nada, escucho a la luna decirme que no fue mi culpa y no entiendo a qué se refiere, lloro. ¿De qué hablas? qué es eso que me quieres decir, que no escucho, que no siento, que no duele. Me acostumbré a recibir tu amor a través del placer de sentir tus uñas encajadas en mi cuello, comprendí cada una de tus palabras al sentir la sangre derramarse por mi pecho, supe quién eras tú al verte sonreír, y aun así te amo.

Esta por terminarse el vino, qué desgracia.

¿Te quedarás esta noche conmigo? hazlo por favor, al menos hasta que mis labios se resequen y las uñas se me caigan. Hasta que mi piel se vuelva gris y mi cabello ya no crezca, hasta que mis pies derramen sangre y mis ojos se desvanezcan en la eterna admiración de tu visita. Te encontraré, estoy seguro de eso porque no todas las tardes son púrpuras ni las noches son estrelladas, porque el sol no siempre es cálido ni el frío abrazador, te encontraré bajo las piedras de la culpa que me aflige y en la cima de las montañas que no tienen final.

Mi amor, dime qué no haría por ti. Te dejaría escurrirte sobre mis brazos, te dejaría entrar en mis venas a través de mis heridas para sentir tu presencia en cada gota de mi sangre, te dejaría arrancarme las cuerdas vocales para que te conviertas en la única dueña de mi voz, te dejaría dejarme amarte.

J. Arevalos — Enero 2026
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Narrativa

112825
en proceso

Hielo

Comentario del autor: Creo que ya no terminaré este escrito, me parece muy cursi y no sé qué quería expresar o para qué, en fin, así es escribir.
— J. Arevalos, 01/20/2026

Si está escrito te veré caminar al otro lado de la cuadra un martes cualquiera, yo iré a comprar un café en la cafetería frente a la florería de la calle 5ta. Pediré mi café para llevar y caminaré hacia esa florería.

Compraré flores, no sé qué tipo, las que más me gusten supongo. Cruzaré la calle y me sentaré en esa banca donde la gente siempre está sentada viendo pasar a los demás. Esperaré a que pases de nuevo.

Cuando pases te diré que esas flores son para ti, te las daré y me iré. No necesito saber tu respuesta, no necesito que digas nada. Solo quiero que sepas que en algún momento de un martes cualquiera alguien pensó en ti lo suficiente como para cruzar la calle y comprarte flores.

No sé si eso es amor o simplemente un gesto, pero me parece que a veces la diferencia no importa tanto.

J. Arevalos — Nov 2025
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Reflexión

Entre intentos,
yo

J. Arevalos — Noviembre 2025

No puedo ver más allá del sol

Yo le prometí a mi madre que sería un hombre feliz, que al ver las aves volar y las hojas de los árboles agitarse con el viento iba a sonreír y agradecer el estar vivo para presenciar esto llamado vida. Me he dejado arrastrar por las corrientes del olvido, te he fallado madre, me perdí en el riesgo de vivir y entre intentos te defraudé, no fui feliz. No he perdido, pero tampoco he vivido, me enfoqué en tratar de entender por qué pertenezco a la tierra y cómo es que agrego valor a esta obra. No soy valiente, no soy simétrico, la sombra de ser un desdichado me persigue, aprendí a vivir con ella y entre intentos me perdí.

No hay razón para esperar una vida con afán de encontrar un propósito, es un dilema que no te permite avanzar, me aferro pero no avanzo. El dolor no siempre es real y cuando menos te lo esperas te encuentras a ti mismo, sentados en la misma mesa en un intento por dialogar cuando el único acuerdo al que llegas es el no estar de acuerdo.

Y aun así entre intentos, me sigo sintiendo vivo.

J. Arevalos — Noviembre 2025
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Poesía

El fuego ya no
quema como antes

J. Arevalos — Septiembre 2025

El fuego ya no quema como antes
Entre recuerdos te encontré en un espejo que no reflejaba mi rostro, te pregunté

—¿por qué no te has ido?— con un rostro visiblemente confuso
—No lo sé...

J. Arevalos — Septiembre 2025
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Reflexión

Dudas, miedo
y otras cosas

J. Arevalos — Agosto 2025

Dudas, miedo y otras cosas

Desde que tengo memoria me acompaña esa sensación de creer que no estoy haciendo las cosas bien, de sentir incertidumbre al aprender algo nuevo o al hacer una actividad que me hace sentir bien. ¿Por qué? Las cosas que hago me llenan el alma de amor, no entiendo por qué me sentiría así al hacer lo que me gusta hacer, lo que me apasiona, lo que me aviva (o al menos eso creo).

Después de meditarlo he llegado a la conclusión de que es el miedo a no poder hacerlo de nuevo, miedo a perder esa dicha, miedo a dejar las cosas a medias y sentir frustración al querer retomar y por más que lo intente, fallar. Miedo, incertidumbre, ansiedad, frustración, tristeza y autosabotaje. ¿Qué está pasando?, ¿Por qué me hago esto? La verdad quisiera decir que entiendo por qué, pero cuando tengo el valor de decir "lo entiendo" inmediatamente me acorrala un pensamiento que me dice "¿Y si en verdad no lo entiendes?" y el ciclo se repite, la duda me domina y el cuerpo se detiene para contemplar mi existencia.

J. Arevalos — Agosto 2025
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Reflexión Amor

¿Tú y yo,
qué somos?

¿Tú y yo, qué somos?

Somos... soy un ser humano igual que cualquier otro en este planeta. Veo a los demás y pienso que, de alguna manera, somos muy parecidos. Fuimos creados con una complejidad tan poco entendible que me es imposible imaginar un propósito para nosotros. ¿Qué o quién tuvo la idea de crearnos con emociones tan poco claras a plena vista del ojo? ¿Cuántas personas que no se conocen he conocido y me han demostrado que ni yo me conozco? ¿Qué es este dilema? Todo es un dilema.

Yo, como tú, pienso y siento, pero no lo hacemos de la misma manera. ¿Por qué? No tengo idea, pero ambos tenemos un corazón latiente que no necesita ser perfecto para ser amado; sin embargo, nos empeñamos tanto en demostrar que nuestra esencia tiene un poco de rareza para ser reconocidos como entes que se distinguen del acto abstracto de ser.

¿Valgo por lo que soy o vales por lo que eres? ¿Qué sería del mundo si un día amanecemos sin el sentido de la vista? ¿Qué serás tú y qué seré yo, quién serás tú y quién seré yo? Las palabras que salgan de tu boca me ayudarán a crear una imagen que no podría imaginar. ¿Seguirías siendo tú si nadie te puede ver? ¿Acaso no es ese el propósito del ser humano? Hacer y deshacer para ser visto por otros. No tiene sentido decir que nuestra existencia es validada si no hay alguien más que la valide. Si no hay nadie más que te vea —tus ojos, tus labios, tu sonrisa y tu cabello— ¿seguiríamos siendo bellos ante los ojos que no pueden ver?

¿Quién eres cuando nadie te ve?

¿Yo? Honestamente, yo no soy nadie y no me preocupa ser alguien o algo. ¿Para qué? ¿Para después de creer que soy algo, sentir que no soy lo que creo ser? No estoy dispuesto a atravesar este río lleno de razones vacías — ese río donde la corriente te arrastra hacia definiciones que no pediste, hacia orillas que otros construyeron para ti. Prefiero quedarme en el agua, sin rumbo fijo, que llegar a un lugar que no reconozco como mío.

¿Tú? Honestamente no sé qué serías tú si nadie te estuviera viendo, porque yo aún te puedo ver, y mi mente no tiene la capacidad de fingir que no existes para que yo pueda crear un escenario donde eres, así sin más, ser. A pesar de eso, no me preocupo por buscar una respuesta, porque aunque me arrancaran los ojos una noche de Noviembre, seguiría creyendo que eres más de lo que merezco. Podría sentirme como un animal, pero aún creer que tú eres una corriente de aire en la pradera moviendo las plantas donde no existe nadie para presenciar tu maravilla.

Podré no tener idea de qué serías tú si nadie te ve, pero estoy convencido de que lo que haces es hermoso, de que no necesitas una razón para tratar al mundo con amor y comprensión, para escuchar a las flores lamentarse por la falta de sol o escuchar a la lluvia llorar. Los actos de amor no necesitan ser vistos. El amor no necesita escenarios ni reflectores, el amor está en el aire, en el suelo, en las aves, en las hojas de los árboles.

El amor.

Creo, después de pensarlo tanto, que mientras tú y yo podamos bailar en la luna y cantar con las estrellas, el resto puede esperar. Que no importa si ya no puedo verte, si ya no puedo escucharte, si ya no puedo sentirte, porque tú no estás limitada a un cuerpo como el mío, tú estás en todos lados. En el sol, en el agua, en la luz y en las cascadas, estás en el atardecer y el amanecer, en la noche y en el día. No necesitas lógica, no necesitas tiempo, no necesitas razones ni explicaciones. Sé, existe, brilla, quema, arde, vuela y desvánecete en el cielo.

Eso es lo que somos… somos, vida mía.

J. Arevalos — Mayo 2026
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Imágenes propias

Lo que el ojo no puede olvidar

Una colección de momentos capturados en silencio. Cada foto es una pausa en el tiempo, un intento por guardar lo que las palabras no alcanzan a decir.

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Analógico — Yellowstone, primavera 2025

Fujifilm 35mm, ISO 400.
Minolta XD-11

Fotografías tomadas en película analógica durante un viaje a Yellowstone. Fugas de luz incluidas — no planeadas, no corregidas.

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Fotografía urbana — México, 2023

CIUDAD

Calles, museos, arte en las paredes y preguntas sin respuesta. Lo que la ciudad deja ver cuando no está posando para nadie.

Ciudad 1

001

Pareciera que no le teme a nada.

Ciudad 2

002

Alguien tenía que decirlo en voz alta.

Ciudad 4

003

Una corona para una cabeza que ya no recuerda quién fue.

Ciudad 5

004

El marco vale más que lo que enmarca o quizás, es al revés.

Ciudad 6

005

Todos miran al mismo lugar. No tengo idea de qué están viendo.

Ciudad 7

006

Esa reja no lo encierra, lo presentan.

Ciudad 9

007

Alguien pegó esta pregunta en la pared y se fue sin esperar respuesta.

Ciudad 10

008

Una canción escrita a mano en una pared.

Ciudad 14

009

La ciudad construida para durar más que quienes la habitan.

Ciudad 15

010

El dios Neptuno en medio del tráfico y aun así, nadie lo nota.

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Reflexión

Un pensamiento efímero,
pero habitual

Un pensamiento efímero, pero habitual

Para ustedes, mientras admiraban esa obra de arte, que no saben que los vi.
— José M. Arevalos, Junio 2026

Ustedes no saben que existen en este rollo.

Estaban sentados ahí, uno al lado del otro, mirando lo mismo que yo estaba mirando — las montañas, el valle, el cielo que no terminaba de decidir qué color quería ser. Pero ustedes lo miraban juntos, y yo lo miraba solo, y esa diferencia es más grande de lo que parece.

No es que estar solo sea malo. He aprendido a caminar solo, a comer solo, a manejar horas sin que nadie me pregunte si quiero parar. He aprendido a sacar fotos de momentos que nadie más va a recordar conmigo. Hay una libertad extraña en eso, una que no cambiaría fácilmente.

Pero hay cosas que duelen más cuando las ves desde afuera.

Como dos personas compartiendo un punto de vista. No me refiero a que estén de acuerdo en algo — me refiero literalmente a eso, a dos pares de ojos viendo la misma montaña al mismo tiempo, desde el mismo lugar, y cada uno viendo algo diferente. Eso es lo que me parece más hermoso y más difícil de explicar. Que puedes estar viendo exactamente lo mismo que alguien más y aun así estar viendo cosas distintas, y que eso no los separa sino que los une más.

Yo he tenido momentos así. Que parecían ordinarios — una ventana, un camino, un cielo que no terminaba — y que ahora entiendo que eran exactamente esto. No lo supe ver entonces. No porque no me importara, sino porque hay cosas que solo se entienden cuando ya no están.

No siempre hay otra oportunidad de verlas.

Ustedes — espero que sepan lo que tienen. No de manera dramática, no con un discurso. Solo espero que en algún momento uno de los dos haya volteado a ver al otro mientras miraban las montañas, y que hayan pensado, aunque sea por un segundo, qué bueno que estás aquí.

Porque las montañas son las montañas. Son enormes e indiferentes y van a seguir ahí mucho después de que los dos se vayan. Pero el momento en que alguien que te importa está sentado a tu lado viendo lo mismo que tú — ese momento no dura. Ese momento hay que guardarlo antes de que el rollo se acabe.

Yo lo aprendí tarde.

Ustedes todavía están a tiempo.

J. Arevalos — Junio 2026
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Analógico — Wyoming, 2025

Fujifilm ISO 400, 35mm.
Segunda sesión

Fui a ver las montañas. No tenía más razón que esa. Treinta y seis exposiciones para intentar guardar algo que sabía que no iba a caber en ningún rollo.

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Reflexión Prosa Narrativa

Breve reflexión sobre futuros cambios:
1. Retomando Terapia

Breve reflexión sobre futuros cambios: 1. Retomando Terapia

Esta semana tomé una decisión que me hace sentir bien. No aliviado, no esperanzado, bien. Esa diferencia importa.

He decidido volver a terapia.

No porque algo esté mal. No porque la vida me esté aplastando o porque la ansiedad haya regresado con su peso de siempre. Vuelvo porque tengo metas, porque sé lo que quiero construir este año, y porque aprendí hace tiempo que pedir ayuda no es señal de que algo está roto, es señal de que sabes lo que quieres.

Pero no siempre fui capaz de verlo así.

Hay una versión de mí que recuerdo con mucha ternura y con algo de dolor. Una versión que marcó un número de teléfono de un consultorio con las manos temblorosas, derrotado, sin saber muy bien qué iba a decir al otro lado. ¿Por qué quieres iniciar tu proceso? Es que ya no puedo más. No puedo.

No sabía cómo se hacía esto. No sabía si iba a tener algo que decir, si iba a sentirme en confianza, si iba a "empatarme" con alguien o si iba a quedarme callado frente a un extraño pagando el silencio por hora. Resultó que esos miedos son los más comunes del mundo, y que el silencio también tiene su lugar en el proceso.

Llegué cargando pérdidas que no había sabido soltar, con lazos rotos, con la sensación de ser una versión de mí mismo que no reconocía. Y fumaba. Fumaba mucho, porque era la única forma que conocía de aliviar algo que no sabía nombrar. Como quisiera fumar ahorita mismo, ese pensamiento llegaba puntual cada vez que la ansiedad aparecía, y al final siempre cedía, porque el alivio duraba exactamente lo que duraba el cigarro. Nada más. Después solo quedaba esperar el siguiente. Así vivía: de cigarro en cigarro, de noche en noche, deseando dormirme para no pensar en nada por unas horas. Nada más insoportable que esa silenciosa indiferencia del universo ante nuestro dolor.

Aun así, decidí buscar una salida.

Las primeras sesiones fueron lentas. Hablaba poco, casi nada. Me preguntaban si quería hablar y yo decía que sí aunque no supiera de qué. Empecé con cosas pequeñas, me siento triste por esto, me hace sentir ansioso aquello, hasta que un día, sin darme cuenta, ya no podía parar. Las sesiones duraban una hora y se sentían de veinte minutos. Quería decirlo todo, sacarlo todo, y con cada cosa que salía me sentía un poco más ligero.

Los meses pasaron. Las sesiones semanales se volvieron quincenales. Empecé a respirar distinto. Me volví más dispuesto a perder, a fallar, a decir adiós a lo que no es mío, y más capaz de querer lo que sí tenía cerca, de darlo todo, de dar y compartir sin miedo.

Dejé de tenerle miedo a muchas cosas. Al fracaso. A intentarlo otra vez. A decir que no estoy bien. El mundo podía buscar palabras que me doleran y decírmelas una por una, y yo podía escucharlas sin desmoronarme. Acepté lo que soy. Lo abracé. Porque soy lo que soy porque es lo que es. Así de simple.

Lo más curioso llegó después: un día, en la fecha de mi sesión, me di cuenta de que no tenía mucho que decir. Y en lugar de asustarme, entendí que eso era exactamente la señal. Que no siempre la vida tiene que ser un caos para merecer atención. Que cuando empiezas a entender lo que no puedes controlar, aprendes a enfocarte en lo que sí. Pasamos de quince a treinta días. Y en un abrir y cerrar de ojos, pasó un año y medio.

Yo creo que ya estamos listos para darte de alta.

Me sentí raro al escucharlo. Habíamos construido algo, no una amistad, sino algo más extraño y más útil que eso: un espacio donde yo podía hablar sin que nadie me juzgara, sin que nadie me aconsejara, sin que nadie necesitara nada de mí a cambio. ¿Iba a perder eso? No. Porque lo que aprendí ahí ya era mío. Porque las herramientas no se quedan en el consultorio, se van contigo.

Estás oficialmente dado de alta.

Han pasado más de dos años. La ansiedad no regresó. La tristeza tampoco. La soledad, esa sí sigue siendo un trabajo en curso, pero ya no me asusta de la misma manera.

Hoy vuelvo. No porque algo esté roto. Sino porque sé lo que puede salir de aquí cuando las cosas funcionan bien.

J. Arevalos — Julio 2025
Escuchando