A veces me siento en silencio a la mitad de la noche y me quedo viendo las estrellas por un momento, no pienso en nada porque no sé en qué pensar honestamente, a pesar de eso termino con un dilema en mi cabeza, tú.
Te busco siempre al terminar mi día haciendo a un lado mi rutina de eterno aburrimiento, me haces sentirme un poco distraído. Te busco cuando me siento solo para dejar de sentir ese frío que me lastima las costillas y me encoge los brazos pero aun así, me siento solo, qué ironía. No te culpo, siendo sincero nunca te culparé por lo que me das porque soy yo quien te recibe con los brazos abiertos y el corazón en la mano.
Invierto mucho en ti, mi tiempo no es reemplazable y soy consciente de que no es eterno pero aun así, te lo quiero dar, quiero darte hasta el último milisegundo del último segundo de mi vida porque sin ti no sabría qué hacer. No me malinterpretes, no estoy obsesionado contigo ni estoy buscando ser irracional, es lo que mi naturaleza me pide hacer y yo lo comprendo, no soy un hombre malo, nunca lo he sido.
Lo siento si demostré lo contrario, no es fácil encontrar la redención del ser y ser lo que debo ser. No me excuso, acepto mi cruz y por favor, que incluya los clavos. Caminaré contigo hasta que el calor de mi existencia se pierda entre los rincones de los caminos que deambulé, hasta que en cada habitación que entre se quede un poco de mi incomprendida esencia, hasta que se termine mi sustentable agonía, mi interminable deseo de sufrir por placer.
Sentado bajo las estrellas, con un vino barato que ni siquiera me digno a servir en una copa, ¿para qué molestarme? si el fin es el mismo, el dolor no cambia cuando lo sirves delicadamente en el frío vidrio de una copa, aunque lo sostengas sutilmente por su tallo con cuidado de no derramar ni una sola gota, ¿será que así me sabrá mejor? ¿hay algo que no esté tomando en cuenta? puede ser, o no.
Veo el cielo y no veo nada, escucho a la luna decirme que no fue mi culpa y no entiendo a qué se refiere, lloro. ¿De qué hablas? qué es eso que me quieres decir, que no escucho, que no siento, que no duele. Me acostumbré a recibir tu amor a través del placer de sentir tus uñas encajadas en mi cuello, comprendí cada una de tus palabras al sentir la sangre derramarse por mi pecho, supe quién eras tú al verte sonreír, y aun así te amo.
Esta por terminarse el vino, qué desgracia.
¿Te quedarás esta noche conmigo? hazlo por favor, al menos hasta que mis labios se resequen y las uñas se me caigan. Hasta que mi piel se vuelva gris y mi cabello ya no crezca, hasta que mis pies derramen sangre y mis ojos se desvanezcan en la eterna admiración de tu visita. Te encontraré, estoy seguro de eso porque no todas las tardes son púrpuras ni las noches son estrelladas, porque el sol no siempre es cálido ni el frío abrazador, te encontraré bajo las piedras de la culpa que me aflige y en la cima de las montañas que no tienen final.
Mi amor, dime qué no haría por ti. Te dejaría escurrirte sobre mis brazos, te dejaría entrar en mis venas a través de mis heridas para sentir tu presencia en cada gota de mi sangre, te dejaría arrancarme las cuerdas vocales para que te conviertas en la única dueña de mi voz, te dejaría dejarme amarte.









